miércoles, 10 de noviembre de 2010

Caminante, ¿hay camino?

Dice el texto: "Caminante, no hay camino, se hace camino al andar" Si comparamos hacer el Camino de Santiago con la propia vida, creo que sí tenemos camino: el que Dios ha pensado para nosotros desde que nacemos hasta que llegamos a la eternidad. Pero es verdad, que tú eres el que decides si vas por la derecha o por la izquierda, tú eres el que decides a que ritmo atravesar los poblados o si subes la cuesta de una manera u otra. Sólo tú decides pararte a contemplar unas flores, o simplemente deleitarte con el sonido del riachuelo que camina en paralelo a tu destino. Y lo mismo pasa en la vida: decides quienes son tus amigos, decides estar con una persona y no con otra; e incluso decides que ponerte ese día si un pantalón o una falda, o el color de tu camisa y con que zapatos combinaras el conjunto que llevas.

La vida está cargada de elecciones y muchas veces los escalofríos que sientes es porque realmente no sabes si estarás acertando en tus decisiones; sinceramente yo creo que es mejor arriesgar y hacerlo siempre sin dudar ni un instante, y más cuando las dificultades se presentan y tienes que echarle valor y continuar. De nada sirve arrepentirse, de nada sirve quedarse contemplando lo que hubiera sucedido si haces lo contrario.

¿Por qué os cuento todo esto? Este fin de semana he tenido la oportunidad de hacer dos etapas del Camino portugués que te lleva a la tumba del Apóstol Santiago. Era algo que siempre he querido hacer y no había tenido la oportunidad. Nunca sabré si era el momento para mi cuerpo y mi estado físico - aunque creo que la muestra de que no era el mejor momento es que me he lastimado mi pie; pero lo que sí tengo claro es que sí era el momento para mi alma, que necesitaba caminar acompañada del silencio de mi alma, y la voz del Creador. Mirará donde mirará ahí estaba Él. Para mí, si fue un Camino acompañada del Maestro, era muy consciente en que esta ocasión no me tocaba a mí ser el cireneo si no que en todo momento lo ha sido Él.

Aclaradas todas las cosas en mi cabeza no sé sí lo están pero las bases están firmes y lo están en Él y sólo gracias a Él. Y en la primera jornada del camino  nos proponía que le diéramos gracias a Dios por todos los dones: ¡cuánto nos ha dado y que poco lo merecemos! Creo que nunca me cansaré de repertir ese salmo: ¿Cómo te pagaré, oh Señor, todo el bien que me has hecho? Y sí os soy sincera, el don más maravilloso es su misericordia, ésta hace que pueda seguir luchando por aceptarme como soy porqué Él me ama, y nadie mejor que Él me conoce. Y sí Él me ama por lo que soy y conoce lo peor de mí, mis debilidades y miserias no puedo más que levantarme cada vez que me caigo y seguir adelante. Por eso creo, que aunque me lastimé el pie y mi cuerpo me decía que no podía seguir: mi corazón y mis ganas de llegar a Santiago con las intenciones de tantas y tantas personas pudo más.

Hubo momentos, muchos: de silencio, de contemplación, de maravillarme de cosas sencillas, de cosas pequeñas; también hubo largas conversaciones, salidas del fondo del corazón; intercambiando confidencias con una buena amiga que ve su final de camino de la misma manera que yo, y que la vida nos va poniendo en muchas situaciones juntas. Aprovecho para agradecerle esa compañía en cada momento. Su compañía era un aliento más para llegar.

También me encantó imaginarme en muchos momentos la cantidad de hombres y mujeres de todas las edades, nacionalidades, de siglos y siglos que habían recorrido ese mismo camino. Podía escuchar los cascos de los caballos de los Cruzados, o el paso silencioso de tantos peregrinos que descalzos llegaban a los pies del apóstol para pedir perdón, para darle las gracias por algún favor... Cuánta gente habrá pasado por allí, cada quien con su historia, con sus experiencias, con sus sueños e ilusiones.

Ha sido una gran experiencia que me encantaría poder repertirlo. Y sobre todo, volver a saborear ese abrazo en el que me fundí con el Santo Apóstol, donde le agradecí mi vida entera, y le pedí que me diera el coraje de vivir mi vida como él la vivió. Pude en ese abrazo, pedir por mi familia, por mis amigos, por las intenciones de tantas y tantas personas, pedí salud, trabajo, paz de alma e incluso le pedí el Amor de mi vida.

Caminante, sí hay camino pero cada quien se tiene que decidir a recorrerlo de la mejor manera que pueda, y no importa en la forma que llegues: con heridas, lesiones, e incluso con el alma hecha un guiñapo, lo importante es llegar.

viernes, 29 de octubre de 2010

Por los que ya no están

Creo que en estos días somos muchos los que pensamos en todas esas personas que a lo largo de nuestra vida nos han acompañando, han compartido con nosotros muchas cosas, e incluso nos han arrancado más de una sonrisa pero también alguna que otra lágrima.

Yo ahora recuerdo alguien que me acompañó sólo unos pocos años de mi vida, me enseñó a valorar las cosas que más me gustan ahora: el cine, la música, la lectura y algunos juegos que hacen que tu coco se ponga a pensar. Con él hice uno de los viajes que más me ha gustado de mi vida, yo era todavía muy niña pero fue alucinante, disfrute muchísimo y no se me ha olvidado jamás.

Otra persona a la que quiero recordar pero no puedo es mi abuela materna, no tuve el honor de conocerla, pero hay tanta gente que me ha hablado tan bien de ella que me da la sensación de que la conozco y muy bien , y sobretodo porque la gran mayoría de las personas que la conocieron me han dicho que si mi abuela Paula me hubiera conocido estaría muy orgullosa de mí. Mucha gente me dice que yo le recuerdo a ella y la verdad es que eso me enorgullece muchísimo. Me imagino que mi madre la debe de echar muchísimo de menos pues ni si quiera había cumplido los 30 cuando su madre se fue de su lado por una enfermedad que se la llevó. No quiero imaginarme cuando me suceda eso a mí, prefiero ni pensarlo.

Otro recuerdo lo guardo para mi abuelo, un hombre que se hizo asi mismo, que levantó una buena empresa, que nos ha dado de comer y lo sigue haciendo. Él era un pilar importante en la familia y sin él hay muchas cosas que a veces se tambalean. Recuerdo los últimos momentos que pase a su lado en el hospital. Me acuerdo que hablamos muchísimo sobre toros, sobre lo que sería de mayor, estaba por empezar mi 2º año de la universidad cuando él murió. Siempre me decía que era una pena que yo fuera mujer que si hubiera sido hombre llevaría muy bien la panadería. Siempre me hizo mucha ilusión ver como mi abuelo soñaba conmigo y sobre mí.

Me considero con mucha suerte porque me siento aún muy arropada por la gente que me importa, pero sé que tengo muchas personas que me rodean, gente que me importa mucho que o han perdido un ser querido muy cercano o que están pasando por momentos delicados porque tienen un ser querido muy enfermo o sufriendo. Me uno a todos ellos porque esa ausencia, esa soledad muchas veces sólo se llena de tristeza cuando no de dolor, pero la fe nos da la confianza de que son ellos los que no siguen manteniendo con fuerzas para seguir adelante y un día volvernos a reunir.

Elevo una plegaria a Dios por todas aquellas personas que probablemente allán muerto y pocos o nadie hayan elevando una plegaria por ellos. Señor mío, Tú eres el único que conocer el corazón del ser humano y lo bueno que hay en cada uno. Acogeles en tu misericordia para que disfruten del verdadero AMOR. Descansen en paz

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Vivimos en la VERDAD

Cada vez que escucho la palabra VERDAD, la leo o la busco me acuerdo de un momento que me ha cambiado para el resto de mi vida. Fue hace ya quince años que entré por las puertas de la universidad y en la charla introductoria del curso propedeútico hicieron un acróstico con la palabra universidad y al llegar a la V dijeron con fuerza y seguridad: VERDAD
Retumbó en mis oídos.

Lo siguiente que es escuché fue que en la universidad escucharía muchas ideas, argumentos, que las ideas irían y vendrían, pero que lo que yo sacará de la universidad dependía totalmente de mi propia actitud, de con cuantas ganas buscará la verdad, de como luchará para demostrar que la Verdad existe, que la Verdad se puede demostrar con la razón; que la Verdad puede triunfar pero sólo depende del uso de nuestra propia libertad.

Como me gustan estas dos palabras: Verdad y Libertad y como me duele ver que son las palabras más en boca de todo el mundo y a la vez las más manipuladas, que triste que viviendo en el siglo XXI las ideas sobre estos grandes términos se hayan deteriorado tanto, se hayan tergiversado de una manera que la gente cuando lee una noticia o la ve en la televisión no distingue lo que es la Verdad, o cuando alardea de vivir la libertad porque hace lo que le da la gana, confunde el libertinaje con la libertad.

¿Qué le pasa a la humanidad? ¿Qué le pasa al ser humano? ¿A dónde estamos yendo? Intentando vivir paradójicamente las circunstancias que se nos presentan. Creo que para poder vivir la Verdad en la propia vida es importante desnudar el alma para uno mismo, aceptar las dificultades con las que nos encontramos, y vivir con la esperanza de que el sol vuelve a salir y que cuando se cierra una puerta se abre una ventana.

Es el momento de cada quien se comprometa con su propia vida y luche por defender lo que hay de Verdad en sí mismo, no avergonzarse de ello y seguir caminando hasta que el camino nos lleve a nuestro destino. Despleguemos nuestras alas, y batamoslas tan rápido como podamos para llegar a nuestro final.

Un abrazo para todo aquel que quiere la VERDAD.

Susan Cardu, 23 de septiembre de 2010

viernes, 10 de septiembre de 2010

Para todas las que son y hemos sido consagradas

Queridas hermanas os propongo que usemos esta herramienta para poder expresar y compartir nuestros sentimientos, nuestras opiniones y podamos hablar con tranquilidad y poder profundizar en temas que a todas nos interesan, nos gustan y tenemos mucho que decir y que compartir. Espero que os guste esta invitación. Un abrazo a todas. Susan Cardu

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Aniversario: FELICIDADES

Hoy son nueve años de aquel sí que te di de manera incondicional, confiada y con emoción. Me acerque al altar y decidí tomar mi cruz y seguirte, tomé el evangelio con la decisión de seguirlo pasase lo que pasase, y por último al comulgar supe que sería para mí el acto de mayor amor que jamás experimentaría.


Y nueve años después, aquí estoy intentando poner en una balanza todo lo vivido. Y la verdad es que la gran parte ha estado cargado de felicidad, de gozo, de mucha alegría porque el AMOR que he experimentado por parte de CRISTO ha sido real, por que las amistades que he cultivado son de ayer, hoy y siempre y porque cada una de las personas que Él ha puesto en mi camino son una parte importante de mi historia y de la HISTORIA.

También ha habido momentos difíciles, costosos de comprender con la mente, de darles una explicación racional. Momentos de duda, de incertidumbre, de soledad, de sequedad e incluso de dolor: dolor físico y dolor moral.

Pero sé que estos nueve años son una experiencia inolvidable, sé que es lo que tenía que vivir en ese momento y que todas las lecciones han sido una ganancia.

A cuantas personas me encantaría poder darle las gracias de forma personal, hay muchas que simplemente dibujaran una sonrisa en sus labios, habrá otras que me devolverán esa misma palabra, otras que incluso se fundirán conmigo en un gran abrazo, y otras que ni si quiera querrán escuchar lo que yo pudiera decirles. A todos, a quienes quieran o no oírlo: GRACIAS por ser parte de mi historia. Una historia que cumplirá su función cuando futuras generaciones se asomen a estas hojas y sean capaces de leer entrelíneas la intrahistoria de cada persona.

Señor muchas gracias por haber puesto tu mirada en mí, por haberme llamado por mi nombre y por haberme hecho digna de ser un apóstol de primera línea de batalla. Tú eres el único que conoces lo que hay en lo más profundo de mi corazón, sabe lo que soy capaz de hacer y lo que cada uno de mis latidos palpita de sentimientos. Señor mío, que mi corazón no deje de palpitar por el egoísmo y la vanidad, y que sí en algún momento y cuando tú lo dispongas se tiene que apagar puedas inclinar tu cabeza en señal de satisfacción.

Yo ahora tomo la delantera, doy un paso al frente, y te digo: muchas gracias y feliz aniversario.

miércoles, 25 de agosto de 2010

Vida más amor igual a FELICIDAD

Es una buena ecuación que pocas personas pone en marcha hoy día. ¿La razón? Puede haber muchas razones. Opino que una de ellas puede ser porque son pocas las personas que están contentas con su vida, porque no han podido cumplir con sus sueños, porque no han logrado alcanzar las expectativas que el mismo se había propuesto u otros habían proyectado en él.

Otra razón puede ser que hay muy pocas personas que creen en el verdadero amor. Sí, el amor de calidad, el amor verdadero sí existe. ¿Cómo lo sé? Porqué yo lo he experimentado. Por que el amor no es otra cosa que la donación constante hacia el otro aunque no recibas respuesta, ni recompensa. Por que amar es dar sin esperar nada, amar por el simple hecho de amar que es lo que te hace feliz porque tu felicidad está en ver al otro feliz. Amar no es fácil y más en un mundo que está envuelto en un egoísmo atroz, en un individualismo que tiene al ser humano atrapado en un salón de espejos donde sólo se es capaz de mirarse a si mismo y en el que lamentablemente nunca vemos algo que nos satisface porque ni si quiera somos felices con nosotros mismos.

El ser humano no será nunca feliz hasta que no sea capaz de aceptarse tal cual es. Si, puede sonar a tópico, o puede ser muy fácil decirlo pero es muy complicado el asumir tu propia debilidad, es duro reconocer que no haces las cosas como te gustaría hacerlas o que ni si quiera sabes hacer lo que creías que hacías bien. También es difícil reconocer que uno mismo tiene cosas buenas, talentos, dones - ¿cómo no vamos a tener cosas buenas e incluso como no vamos a poder ser buenas personas si nos ha creado la BONDAD?

Yo no puedo hablar por el mundo entero, hablo por mí misma y yo me comprometo a luchar por quererme como soy: con mis cosas buenas y con las que no lo son tanto; a quererme como Dios me quiere. Y creo que sólo así podré empezar a vivir la vida que Dios me ha dado para que la disfrute de la única manera que se puede disfrutar que es: AMANDO.

Me encantaría poder decir más tarde que esta ecuación es correcta y que la verdadera felicidad sí existe, pero le toca a cada uno comprobarlo por sí mismos.

No podemos seguir creyendo que la felicidad sólo está en lo que vemos en una pantalla de cine o leemos en un libro. Eso son sólo sombras de nuestra alma que proyectamos; son simples marionetas que revestimos con lo que queremos y no podemos o no somos para autoengañarnos. Pero sinceramente creo que la realidad supera infinitamente más a la ficción y que el ser humano tiene una capacidad ilimitada de ser feliz porque tiene una capacidad ilimitada para amar. Es verdad que nuestro amor es finito, termina cuando nuestro cuerpo se apaga pero nuestro amor perdura en el alma de aquellos a los que hemos amado, y éste no termina porque se reparte entre tantas y tantas personas con las que has compartido ese amor ya sea un amor de padre a hijos o de hijos a padres; de marido a mujer y de mujer a marido; de hermanos, de amigos, de compañeros en el camino. El amor nunca muere por que el amor es eterno y por tanto la felicidad es posible en la medida que nuestra vida esté intensamente entregada a amar.

Se lo dedico a todas las personas que Dios ha ido poniendo en mi camino y se han quedado con una parte de mi corazón. Espero que todos alcancen algun día el resultado de dicha ecuación

viernes, 20 de agosto de 2010

Confiar en nuestras expectativas???

Hoy estoy algo enfadada conmigo misma. No me puedo creer que no pueda disfrutar de las cosas que me da la vida por mí misma, que necesite ayuda para disfrutar o que necesita estar acompañada para sentirme feliz.


Creo que en muchas ocasiones he expresado lo importante que es para mí la amistad, lo que valoro los amigos que he tenido y que tengo, pero creo que va siendo hora de dar carpetazo y empezar de nuevo.

Durante este último año, ha habido muchos cambios en mi vida. Pero yo me sentía segura y arropada porque contaba con mis padres, con mi hermano, y con algunas de mis amigas.

Pero el tiempo, la vida, y nuestras propias experiencias nos han cambiando. Han cambiado la mirada con la que vemos las cosas, han cambiando nuestras ilusiones, nuestras expectativas y muchas otras cosas. Pensamos de manera muy diferente en cosas que por lo menos para mí son esenciales, y a veces lo que una considera importante la otra no.

Las expectativas nos las creamos nosotras mismas, cada quien espera lo que quiere esperar de sus amigos. Tal vez yo pensaba que estarían cuando yo las necesitara, que con sólo teclear su número en mi móvil podría estar con ellas el tiempo que hiciera falta, que no harían muchas palabras para expresar como uno se siente. Yo creo que muchas veces la sola presencia ayuda muchísimo, pero para otras personas no es suficiente.

A veces te piden tu opinión, pero muchas veces ni siquiera tienes opinión de eso porque no compartes las mismas ideas o porque no entiendes como se puede estar dando vueltas al mismo tema durante tanto tiempo. Son formas de ser y no puedes esperar que todo el mundo piense igual porque sería muy, muy aburrido. Y no quiero decir con esto que me aburra, aunque algunos piensan que el hecho de no hablar, de no expresar tu opinión constantemente, o de no involucrarte es un claro ejemplo de aburrimiento.

Sinceramente estoy algo decepcionada, pero nadie tiene la culpa de eso, es el problema de las expectativas de las que hablaba al principio. Ahora ya lo voy entendiendo y por eso creo que es el momento de hacer borrón y cuenta nueva; no pensarlo, echarme la manta a la cabeza y a empezar.

Creo que es momento de hacer mi propio camino, de luchar por lo que siempre he soñado y por pensar en lo que quiero para mi futuro. No quiero que nadie espere nada de mí, y espero que nadie esté esperando de mi nada porque sinceramente del único que puedo y quiero esperar algo es de DIOS.

Ayudar, ayudaré al que me necesite, cuando lo necesite y sabe que puede contar conmigo, pero espero que sepan que soy humana, que cometo errores, que no soy perfecta y que tengo muchas debilidades. No siempre podré responder como esperen de mí, pero puedo asegurar que daré lo mejor de mí en el momento que se necesite.

Para mis amigas puedo decir que sigo siéndolo, que pueden contar conmigo pero la vida avanza para cada una y tengo que aceptarlo. El camino se bifurca, es el momento de cada quien para tomar el que más le guste. GRACIAS

Yo sólo lo pienso

Quién fue el que determinó lo que era bonito o feo? ¿Caro o barato? ¿Fácil o difícil? ¿Posible o imposible? ¿Quién fue el que dijo hasta aquí y no hasta allá? ¡Qué pena que el propio hombre se limite y limite al otro! Es verdad que es necesario que haya unas normas de convivencia, es necesario que exista un orden pero es importante que la gente pueda expresar, pueda sentir y sobre todo pueda amar.


El amor es necesario para sentirte parte de ti misma y de otra persona, a la que te quieres dar por completo, a la que quieres completar con todo tú ser: lo bueno y lo no tan bueno. Todos, es verdad, tenemos muchas limitaciones, pero no dejaremos de mirar esas limitaciones si la gente sigue señalando sólo lo negativo que ve: qué fácil es ver el punto negro en la pared blanca, en vez de ver la pared blanca. Ojalá nos cansáramos de ver lo malo, de ver lo feo, de ver lo difícil, es posible que lo puedas ver desde un punto de vista donde le puedas sacar algo positivo.

Por eso yo creo que se puede afirmar: el mal no existe, que es simplemente la ausencia del bien, pero si pudiéramos encontrar, o al menos esperar ese bien que siempre sale de un mal, tal vez podríamos ser más positivos, más proactivos y más amables con todo el que se pone en nuestro camino.

Tal vez puede sonar a idealista, y no le acuso al que lo piense, pero tal vez yo prefiero vivir en un idealismo que me permite seguir sonriendo, seguir soñando y sobre todo seguir amando. Porque yo creo que amar es lo mejor que podemos hacer, que amar es lo que más feliz puede hacer una persona y sobre todo lo más te hace ser persona. No creo que exista un ser en la faz de la tierra que no desee amar, y sí todos deseamos amar, ¿por qué el amor no puede triunfar ante la fealdad, la avaricia, la dificultad, el pesimismo y todo lo que nos lleva a limitarnos en vez expresar lo que nuestro corazón descorcha en cada latido?: al ver una atardecer de la mano de la persona que amas; al contemplar a un recién nacido que duerme plácidamente porque está seguro que sus padres vigilan su sueño, o aquella adolescente que sueña con que llegue su príncipe azul al balcón de su ventana y le exprese todo el amor que siente por ella.

Probablemente muchos de los que lean estás líneas pensarán que como se nota que no me enamorado, pues lo lamento porque el AMOR en mayúsculas ha tocado la puerta de mi corazón y le he dejado que llene mi ser para yo poder compartir ese amor, expresar ese amor y si puedo difundirlo entre las personas que pone Dios en mi camino.

No pretendo que nadie esté de acuerdo conmigo es sólo mi opinión y tengo todo el derecho para expresarlo. Muchas gracias.

Susana García Cardo

Amando hasta el final

Hace tiempo que no me encuentro con mis pensamientos. La vida va tan rápida como nosotros aceleramos y permitimos que las cosas sucedan si nosotros le damos alas. Puedes arriesgar y vivir o puedes quedarte esperando a ver qué sucede.


Creo que un año es tiempo razonable para haber observado, para ver pensado e incluso meditado que es lo que espero que la vida me dé a cambio. Y sinceramente, creo que la vida no me tiene que dar nada, ya me lo ha dado. Me ha dado la oportunidad de despertar, por lo menos hasta hoy, cada día; me concedido el poder disfrutar de sus rayos de sol o de las gotas de lluvia, me ha otorgado la posibilidad de caminar, de comer, de dormir, de descansar, de reír, de llorar, de esperar e incluso de impacientarme.

Me ha dado una familia, me ha dado unos amigos, unos compañeros y un mundo que no gira en torno a mí sino conmigo. Creo que es el momento de empezar a usar aquello que me ha dado. Es el momento de que mi mente, mi alma y todo mi ser al completo quemé las naves, no miré hacia atrás y me lancé a navegar por el mar de la vida.

Soy muy consciente que habrá muchas tormentas, en las que seguramente me mareé y quiera bajarme del barco, pero habrá que saber esperar la calma para tomar las decisiones, y habrá que ser valiente para volver a echar los remos al mar y ofrecer mi hombro para juntos remar hasta el horizonte, o mejor dicho el ocaso de mi vida.

Encuentre lo que encuentre en este mundo, sólo me queda una actitud: luchar, pero no contra nadie en especial, ni si quiera conmigo misma, si no aferrarme a lo que AMO de verdad y no soltarlo, seguir adelante en lo bueno y en lo que no lo es tanto. No se puede uno embarcar con miedo, la cautela no es una buena compañera cuando deseas sacarle el mayor jugo posible a la vida. Apuesto por mí y por mi felicidad y no puedo permitir que mi felicidad se vea subyugada a lo que el mundo quiere, a los deseos de los que me rodean. Cada quien es propietario por unos años, los que Dios permita, de esta vida, y no nos toca más que a nosotros mismos vivirla.

Por eso, no tenemos que temer nada, cada quien tiene que vivir la vida como la ha concebido sabiendo que sólo hay una y que si no se vive te puedes arrepentir.

En un mundo en el que vamos de tolerantes, en la que todo está permitido pero te impide ser tú mismo, desenmascarémonos de nuestros miedos, de nuestros defectos y por una vez seamos lo que siempre hemos querido ser y en muchas ocasiones no lo hemos sido por no dañar a alguien, o por no ofenderle. Ser uno mismo da mucha libertad, y sí ya he soltado las amarras, ahora quiero vivir lo que me resta de vida siendo libre, siendo yo misma, y deseo gritar al mundo que he amado, que amo y quiero seguir amando hasta mi final.

Abrir el corazón al mundo

¿Por qué las personas tienen miedo a expresar lo que hay en su corazón? ¿Es miedo? ¿es vergüenza? Sinceramente no creo que a nadie le guste sentirse vulnerable, o que le encante que el mundo le pisotee, pero creo que es hora de que todos digan lo que hay en su corazón. Guardamos secretos que nos da miedo contar, guardamos amores que nos da miedo expresar, guardamos algo grandioso en el interior de cada uno: un tesoro. Y los tesoros están para compartirlos con los que quieres, con los que Dios va poniendo en tu camino y con todos los que no tienen miedo a amar a aquella persona que siempre ha amado.


No comprendo cómo se le puede tener miedo al amor. El amor no es compromiso meramente, el amor es la donación total de tu ser a la persona que quieres, amas, deseas y por la que eres capaz de hacer las mayores locuras y por la que eres capaz de dar lo mejor que hay de ti por esa persona.

Si el mundo se decidiera, si el mundo se sincerará, sí en el mundo no hubiera tanta ambición y tanto de deseo de tener, todo sería más fácil, porque ayudar no sería un problema si no una necesidad de hacer sentir mejor al que tienes a tu lado; porque sería más fácil escuchar al que lo necesita, y dar un consejo al que te lo pide.



La vida es hermosa y nosotros con nuestras manías la complicamos. Seamos más sencillos y simplemente busquemos vivir en la verdad eso nos hará poder gritar si así lo deseamos a los cuatro vientos que somos felices aunque en el camino haya dificultades, aunque las cosas no salgan siempre como deseamos, aunque a veces la soledad llene más tu vida que la compañía de alguien al que deseas amar.



Y entregar el corazón no es una ilusión, el buscar que tu vida valga la pena no es una utopía, hemos sido creados para amar y ser amados. ¿Por qué no lo queremos entender? ¿Por qué buscamos donde no está la respuesta? La respuesta te la puede dar una sencilla puesta de sol, o unas olas rompiendo violentamente contra el acantilado, o puedes encontrar esa respuesta en la sonrisa de un niño que juega en la arena o puede estar en ese beso de buenas noches que recibes antes de acostarte. Yo abro mi corazón y grito que deseo ser amada y poder dar todo el amor que se amontona a borbotones en el interior de mi corazón y que quiere salir para hacer feliz a la persona que Dios ponga en mi camino.



Susana García Cardo

18 de abril de 2010

Los recuerdos me llenan de esperanza

Cuando hoy me desperté no pensé que iba a vivir algo como lo que me pasó hoy. Llegué a mi trabajo, y lo empecé ofreciéndoselo a Dios, con mi oración. Transcurrió la mañana haciendo algún que otro favor y escuchando testimonios de jóvenes que ha cambiado su vida por el hecho de haber hecho prácticas de acción social.


Al mediodía había una sorpresa, venía a celebrar la santa misa un antiguo compañero de la universidad. Un joven sacerdote recién ordenado - 9 de mayo - y nos compartía lo que ha sido para él este proceso. En su homilía nos comentaba la cantidad de recuerdos que se agolpaban en su mente y su corazón y que reconocía en los rostros de los muchos que estábamos presentes lo que de alguna manera habían o habíamos influido en su vida.

Esas palabras a mi me llevaron a mis recuerdos, a un pasado no muy lejano, cuando nosotros éramos los alumnos que llenaban los pasillos o que abarrotaban el comedor. Los alumnos que más que entrar en las aulas nos dedicábamos a ir de un lado para otro de participar en muchas de las actividades. Hace ya quince años que yo pise por primera ver esos pasillos, y la Susana que entraba era una muy diferente a la que salía cinco años después y la que ha vuelto a entrar diez años después. Durante esos años de carrera, el trato que recibí, el ejemplo que me dieron y la amistad que me brindaron cambiaron en mí muchas cosas. Me compartieron lo más valioso y preciado que tenía: a Cristo. Y de la mano de muchos de ellos fui conociendo más a un Jesús Amigo, que cautivo tanto mi vida que me llevo a dejarlo todo y seguirlo a ÉL.

A través de otros medios, pero en las mismas circunstancias, Julián también conoció a este Cristo, al igual que María José, y Javier, y Carlos y Álvaro y muchos más. Hoy reunidos a su alrededor creo que no ha sido la única que ha vuelto a sus recuerdos, y estos les han llenado de esperanza, de alegría. La felicidad que ha invadido hoy nuestros corazones es el fruto de un esfuerzo, es el fruto del sacrificio de muchas personas, pero un sacrificio lleno de amor, de confianza en un ideario, de convencimiento de que podemos cambiar el mundo empezando por cambiarnos a nosotros mismos y ayudar a otros a que lo cambien.

Yo no puedo más que agradecer a Dios la oportunidad que me da de trabajar en un lugar, donde me siento en familia, donde puedo ser yo misma, donde puedo disfrutar de lo que hago porque creo en el proyecto, porque me ilusiona, porque me transforma y transforma a otros.

Yo no sé cuántos se habrán percatado de lo vivido hoy pero sin duda es para alabar eternamente a Dios, y yo aprovecho y te pido no sólo por los que hoy acompañábamos a Julián en esta misa si no por muchos otros que por diversas causas hoy no han podido estar ahí pero que desde su puesto agradecen en mayor o menor medida lo que aprendieron en estos pasillos, en estas aulas y puedo afirmar que las grandes lecciones no fueron precisamente en el aula si no en una oficina, en el pasillo, con un café en la cafetería o caminando por el campus con un amigo/a, con un formador que nos abrió los ojos y nos hizo darnos cuenta de lo valiosos que cada uno éramos por simple hecho de ser personas.



Gracias a todos, un abrazo, Susana

AMIGOS PARA SIEMPRE

Cuando era pequeña pensaba que las amigas estarían ahí para siempre; luego llegue a la adolescencia y me vi envuelta en lo que el síndrome de hacer todo aquello que haga falta para caer a las más guays del grupo. Yo me pregunto ¿quién decidía quienes eran las más guays? Tal vez su forma de ser, no lo creo, porque solían ser las más crueles; pero seguro que eran guays porque siempre vestían con ropa de marcar, porque eran las más guapas y a las que los chicos siempre iban detrás de ellas.




Menos mal que cuando empiezas a crecer te das cuenta lo que es la verdadera amistad. Aún recuerdo una cicatriz de mi corazón: una muy buena amiga minó mi confianza en ella. Le advertí que sería muy difícil que se volviera a ganar mi confianza, pero la verdad es que ya han pasado más de 15 años de aquello y sigue siendo mi amiga.



Luego llegan los años de la universidad y ahí te encuentras con gente de todo tipo, el primer día de clase intentas sociabilizar con todos para encontrar aquellos que se asemeja lo más posible a ti, y descubres que son muchas las cosas que te unen: por lo menos el gusto por la misma carrera o profesión pero según pasan los días, las semanas, los meses e incluso los años compartes tantas cosas que jamás pensaste que otra persona supiera tanto de ti como uno mismo.



Yo puedo presumir de tener muy buenas amigas: las tengo de todas las edades. Desde señoras de 40 e incluso 50 años. pasando por amigas de mi propia edad, hasta adolescentes y jovencitas hasta niñas de 8 o 9 años.



Lo que más valoro de la amistad es que no es necesario decir mucho para saber lo que tu amigo necesita. Si lo conoces sabes porque actúa así, porque su mirada de repente se pierde en el horizonte o porque de repente unas lágrimas recorren sus mejillas. Un amigo sabe escuchar ese silencio y entiende que simplemente tiene que estar ahí.



Yo lo he descubierto después de muchos años y puedo alardear de tener un muy buen amigo: no oigo nunca su voz con sus propias palabras aunque en muchas ocasiones sus palabras de aliento y de consuelo me llegan de otra manera, no tengo la oportunidad de darle una palmadita en la espalda o despedirme de él con un beso en la mejilla, pero Él me ha compartido algo que no lo ha hecho nadie más en la vida conmigo que es darme su vida: en cuerpo y alma, y lo que es más fuerte ha dado su vida por mí y sé que lo volvería hacer las veces que fueran necesarias.



Sé que se me enfado él espera, no me recrimina nada y se mantiene al margen hasta que yo me acerco. Siempre me perdona y nunca me echa en cara nada de lo que he hecho o le he dejado de hacer. Ese amigo es Jesús.



Sé que este tipo de amistad es muy difícil encontrarla en las personas porque para empezar somos humanos y cometemos muchos fallos, y aunque luchamos con todas nuestras fuerzas por no ser egoístas muchas veces nos gana más el pensar en nosotros antes que en el otro.

A mí me gustaría que mis amigos/as pensaran que pueden contar siempre conmigo: que tal vez ahora no hable tanto, que tal vez ahora no disfrute con las mismas cosas con las que disfrutaba antes pero todos y cada uno siguen estando en mi corazón y yo sigo considerándome amiga suya-



Amigos/as os quiero y aquí me tendréis hasta que el tiempo o la vida nos separe. Un abrazo para cada uno. No os olvido a ninguno.



Susana García Cardo

19 de abril de 2010