viernes, 20 de agosto de 2010

AMIGOS PARA SIEMPRE

Cuando era pequeña pensaba que las amigas estarían ahí para siempre; luego llegue a la adolescencia y me vi envuelta en lo que el síndrome de hacer todo aquello que haga falta para caer a las más guays del grupo. Yo me pregunto ¿quién decidía quienes eran las más guays? Tal vez su forma de ser, no lo creo, porque solían ser las más crueles; pero seguro que eran guays porque siempre vestían con ropa de marcar, porque eran las más guapas y a las que los chicos siempre iban detrás de ellas.




Menos mal que cuando empiezas a crecer te das cuenta lo que es la verdadera amistad. Aún recuerdo una cicatriz de mi corazón: una muy buena amiga minó mi confianza en ella. Le advertí que sería muy difícil que se volviera a ganar mi confianza, pero la verdad es que ya han pasado más de 15 años de aquello y sigue siendo mi amiga.



Luego llegan los años de la universidad y ahí te encuentras con gente de todo tipo, el primer día de clase intentas sociabilizar con todos para encontrar aquellos que se asemeja lo más posible a ti, y descubres que son muchas las cosas que te unen: por lo menos el gusto por la misma carrera o profesión pero según pasan los días, las semanas, los meses e incluso los años compartes tantas cosas que jamás pensaste que otra persona supiera tanto de ti como uno mismo.



Yo puedo presumir de tener muy buenas amigas: las tengo de todas las edades. Desde señoras de 40 e incluso 50 años. pasando por amigas de mi propia edad, hasta adolescentes y jovencitas hasta niñas de 8 o 9 años.



Lo que más valoro de la amistad es que no es necesario decir mucho para saber lo que tu amigo necesita. Si lo conoces sabes porque actúa así, porque su mirada de repente se pierde en el horizonte o porque de repente unas lágrimas recorren sus mejillas. Un amigo sabe escuchar ese silencio y entiende que simplemente tiene que estar ahí.



Yo lo he descubierto después de muchos años y puedo alardear de tener un muy buen amigo: no oigo nunca su voz con sus propias palabras aunque en muchas ocasiones sus palabras de aliento y de consuelo me llegan de otra manera, no tengo la oportunidad de darle una palmadita en la espalda o despedirme de él con un beso en la mejilla, pero Él me ha compartido algo que no lo ha hecho nadie más en la vida conmigo que es darme su vida: en cuerpo y alma, y lo que es más fuerte ha dado su vida por mí y sé que lo volvería hacer las veces que fueran necesarias.



Sé que se me enfado él espera, no me recrimina nada y se mantiene al margen hasta que yo me acerco. Siempre me perdona y nunca me echa en cara nada de lo que he hecho o le he dejado de hacer. Ese amigo es Jesús.



Sé que este tipo de amistad es muy difícil encontrarla en las personas porque para empezar somos humanos y cometemos muchos fallos, y aunque luchamos con todas nuestras fuerzas por no ser egoístas muchas veces nos gana más el pensar en nosotros antes que en el otro.

A mí me gustaría que mis amigos/as pensaran que pueden contar siempre conmigo: que tal vez ahora no hable tanto, que tal vez ahora no disfrute con las mismas cosas con las que disfrutaba antes pero todos y cada uno siguen estando en mi corazón y yo sigo considerándome amiga suya-



Amigos/as os quiero y aquí me tendréis hasta que el tiempo o la vida nos separe. Un abrazo para cada uno. No os olvido a ninguno.



Susana García Cardo

19 de abril de 2010

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