domingo, 20 de febrero de 2011

Yo si quiero el perdón

Hoy he escuchado unas palabras que en mí me han causado un gran bien:
"Ustedes han oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente. Pero yo les digo que no hagan frente al que les hace mal: al contrario, si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, preséntale también la otra.
Al que quiere hacerte un juicio para quitarte la túnica, déjale también el manto; y si te exige que lo acompañes un kilómetro, camina dos con él.
Da al que te pide, y no le vuelvas la espalda al que quiere pedirte algo prestado. Ustedes han oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores; así serán hijos del Padre que está en el cielo, porque él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos. Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen lo mismo los publicanos? Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo los paganos? Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo"

Éste texto, que no es otro que el del Evangelio de hoy - domingo, 20 de febrero, me ha dado mucha paz; me ha llenado de esperanza y me ha llevado a tomar una firma decisión: Perdonar.
Perdono al que en los últimos años me ha hecho sufrir tanto, y sé que ha causado mucho dolor a muchos más; también perdono a tanta gente que con su silencio o sus palabras, con sus omisiones o sus actos han lastimado a más personas de las que ellos/as podían imaginar. Pero también creo que me toca pedir perdón a todos los que yo haya podido lastimar, herir con mi silencio, mis palabras, mis omisiones o mis actos...

Yo ya no quiero llorar más, ya no quiero pensar más si estoy o no siendo juzgada; quiero poder caminar sin tener necesidad de mirar atrás para ver si alguien quiere lastimarme. Ya da igual; creo que la lección y el testimonio lo tenemos en el Hijo de Dios, que pese al sufrimiento y el dolor e incluso la muerte que vivió en primera persona supo perdonar; no sólo poniendo la otra mejilla si no dando su vida.

Tal vez a mí nunca me toque dar la vida por nadie, o tal vez sí, pero me gustaría poder morir el día que Dios lo tenga pensando, con la conciencia de que he perdonado a todos como Dios me perdona cada día mis miles de imperfecciones, mis cientos de debilidades y defectos; y ruego al Dios que me salva, que jamás me engañe a mi misma pensando que soy mejor que cualquiera.

No sólo sería soberbia, si no engreída y mucho más si pensará que no tendré que volver a pedir perdón muchas más veces; pero espero poder contar con la ayuda de Dios para poder poner una y mil veces la otra mejilla; y no volver a dudar de la bondad y buena fe del que me rodea. Como decía un santo: "Prefiero pecar de inocente, que pensar que mi hermano, o cualquier otra persona pueda engañarme".

Se lo dedico a todos los que a lo mejor no han sido capaz de perdonarse ni si quiera a sí mismos. Un saludo

martes, 15 de febrero de 2011

Hay un cielo

El domingo pasado, me encontraba en mi casa, tapada con mi manta, disfrutando de unos momentos en familia con  mi hermano, cuando de repente sonó mi móvil; era mi amiga Menchu que me informaba de la muerte de la hermana de una buena amiga. Sin pensarlo, me vestí y me dirigí hacia el tanatorio, que está bastante cerca de mi casa. Cuando llegué, no había quien entrará. Me topé con mucha gente conocida, con buenos amigos: todos tristes, cabizbajos, y algo helados por el frío y la lluvia de los últimos días en Madrid. Quise buscar a mi amiga; la encontré enseguida, se la veia muy cansada, y la tristeza que le embargaba casi no le permitía emitir palabras algunas.

Se aferró a mi cuello y me agradeció el que estuviera allí. Intenté darle ánimos, pero pronto a las dos la emoción nos embargó y nuestros ojos se inhundaron de lágrimas. Con débiles palabras le quise decir que su hermana ya estaba descansado, que ya no tenía que seguir luchando con la enfermedad y que había sido muy valiente y nos había dado muchas lecciones, entre ellas una de gran fe y esperanza en el querer de Dios.

Ella me miró y me dijo: "Dime que existe el cielo, porque yo ahora mismo dudo de todo"
La respondí institintivamente y le dije que sí existe el cielo; que el paraíso nos espera a todos para disfrutar con Dios y con los que más queremos.

¿Y por qué os cuento todo esto? Porqué me gustaría dedicar unas líneas al cielo. Para muchos un lugar físico al que cada día elevan su mirada y descubren que día hará hoy: calor, lluvia, nieve...; para otros un estado del alma donde disfrutamos de la vida eterna.

Unos lo llaman paraíso, otros simplemente eternidad, y no puede ser un paraíso eterno; yo siempre he pensado que para anhelar algo lo tienes que conocer; que para extrañar a alguien tienes que haber vivido con él y haber compartido muchas, muchas cosas; para tener nostalgia de algo, o de alguien tienes que haber tenido una experiencia previa de ello; pero yo no he tenido ninguna experiencia física del cielo y siento un gran anhelo de llegar allí; tengo nostalgia de un lugar en el que nunca he estado, y en que sinceramente quisiera estar; pero sé que mi partida allí ahora mismo no sería la mejor idea - o eso al menos pensarían los que me quieren y rodean.

¿Hay un cielo? Yo creo sí hay un cielo; creo que todos debemos tener la mirada puesta en el cielo, y esforzarnos lo máximo posible en alcanzar este premio, que merecido probablemente nunca lo sea, pero necesario para la paz de mi alma si lo es.

Pido aquellos que sí creen en el cielo, que arranque la gracia a Dios para todos aquellos que dudan de su existencia y al menos yo elevo mi plegaria para que algún día pueda estar en este paraíso eterno con todos los que quiero.

lunes, 14 de febrero de 2011

Un poema al AMOR

Éste es un texto que un buen amigo ha tenido la amabilidad de haberme hecho llegar en el día que la Humanidad se para, respira, mira al otro y si se atreve le dice que le quiere.
Muchos dicen que es una fiesta que sólo salen ganando los centros comerciales, pero definitivamente, si no existiera un día como éste, muchos hombres no serían capaces de expresar lo que sienten.

Espero que lo disfrutéis como yo lo he disfrutado:

El amor: hay un secreto para vivir feliz con la persona amada: no pretender modificarla.
El amor es el gran refugio del hombre contra la soledad, la inmensa soledad que le ha impuesto la naturaleza, la especie, las leyes eternas.
El amor es como el fuego que si no se comunica se apaga. El amor que se alimenta de regalos siempre está hambriento.
El amor no tiene cura pero es la medicina para todos los males, sin haber sido nunca ni felices ni buenos, hemos de amarnos los unos a los otros o morir. En materia de amor, demasiado es todavía poco. La medida del amor es amar sin medidas: ama y haz lo que quieras. Si callas callaras con amor, si gritas, gritaras con amor, si corriges, corregirás con amor, si perdonas, perdonaras con amor, si tienes el amor arraigado en ti, ninguna otra cosa sino amor serán tus frutos. Te desafío a que me olvides completamente. En las venturas del amor dice más el que calla. Cuando se quiere dar amor hay un riesgo, el de recibirlo. La mayor declaración de amor es la que no se hace; el hombre que siente mucho habla poco.
El amor esencia de Dios, no se hizo para la ligereza, sino para la completa dignidad del hombre.
El amor es la poesía de los sentidos. Es tan absurdo pretender que un hombre no puede amar siempre a la misma mujer, como pretender que un buen violinista no puede tocar siempre el mismo instrumento. Me enseñaron a rezar, me enseñaron a sentir y me enseñaron a amar, y como amar es sufrir también aprendí a llorar.
El amor es la más noble flaqueza del espíritu.
El amor es la poesía del hombre que no hace versos, la idea del hombre que no piensa, y la novela del hombre que no escribe.
El amor es la primera palabra de Dios, es el primer pensamiento que cruzó por su mente. Una mujer que es amada siempre tiene éxito. La perfección del amor es morir por amor. Un hombre tiene la edad de la mujer a la que ama.