viernes, 20 de agosto de 2010

Amando hasta el final

Hace tiempo que no me encuentro con mis pensamientos. La vida va tan rápida como nosotros aceleramos y permitimos que las cosas sucedan si nosotros le damos alas. Puedes arriesgar y vivir o puedes quedarte esperando a ver qué sucede.


Creo que un año es tiempo razonable para haber observado, para ver pensado e incluso meditado que es lo que espero que la vida me dé a cambio. Y sinceramente, creo que la vida no me tiene que dar nada, ya me lo ha dado. Me ha dado la oportunidad de despertar, por lo menos hasta hoy, cada día; me concedido el poder disfrutar de sus rayos de sol o de las gotas de lluvia, me ha otorgado la posibilidad de caminar, de comer, de dormir, de descansar, de reír, de llorar, de esperar e incluso de impacientarme.

Me ha dado una familia, me ha dado unos amigos, unos compañeros y un mundo que no gira en torno a mí sino conmigo. Creo que es el momento de empezar a usar aquello que me ha dado. Es el momento de que mi mente, mi alma y todo mi ser al completo quemé las naves, no miré hacia atrás y me lancé a navegar por el mar de la vida.

Soy muy consciente que habrá muchas tormentas, en las que seguramente me mareé y quiera bajarme del barco, pero habrá que saber esperar la calma para tomar las decisiones, y habrá que ser valiente para volver a echar los remos al mar y ofrecer mi hombro para juntos remar hasta el horizonte, o mejor dicho el ocaso de mi vida.

Encuentre lo que encuentre en este mundo, sólo me queda una actitud: luchar, pero no contra nadie en especial, ni si quiera conmigo misma, si no aferrarme a lo que AMO de verdad y no soltarlo, seguir adelante en lo bueno y en lo que no lo es tanto. No se puede uno embarcar con miedo, la cautela no es una buena compañera cuando deseas sacarle el mayor jugo posible a la vida. Apuesto por mí y por mi felicidad y no puedo permitir que mi felicidad se vea subyugada a lo que el mundo quiere, a los deseos de los que me rodean. Cada quien es propietario por unos años, los que Dios permita, de esta vida, y no nos toca más que a nosotros mismos vivirla.

Por eso, no tenemos que temer nada, cada quien tiene que vivir la vida como la ha concebido sabiendo que sólo hay una y que si no se vive te puedes arrepentir.

En un mundo en el que vamos de tolerantes, en la que todo está permitido pero te impide ser tú mismo, desenmascarémonos de nuestros miedos, de nuestros defectos y por una vez seamos lo que siempre hemos querido ser y en muchas ocasiones no lo hemos sido por no dañar a alguien, o por no ofenderle. Ser uno mismo da mucha libertad, y sí ya he soltado las amarras, ahora quiero vivir lo que me resta de vida siendo libre, siendo yo misma, y deseo gritar al mundo que he amado, que amo y quiero seguir amando hasta mi final.

No hay comentarios:

Publicar un comentario