viernes, 20 de agosto de 2010

Abrir el corazón al mundo

¿Por qué las personas tienen miedo a expresar lo que hay en su corazón? ¿Es miedo? ¿es vergüenza? Sinceramente no creo que a nadie le guste sentirse vulnerable, o que le encante que el mundo le pisotee, pero creo que es hora de que todos digan lo que hay en su corazón. Guardamos secretos que nos da miedo contar, guardamos amores que nos da miedo expresar, guardamos algo grandioso en el interior de cada uno: un tesoro. Y los tesoros están para compartirlos con los que quieres, con los que Dios va poniendo en tu camino y con todos los que no tienen miedo a amar a aquella persona que siempre ha amado.


No comprendo cómo se le puede tener miedo al amor. El amor no es compromiso meramente, el amor es la donación total de tu ser a la persona que quieres, amas, deseas y por la que eres capaz de hacer las mayores locuras y por la que eres capaz de dar lo mejor que hay de ti por esa persona.

Si el mundo se decidiera, si el mundo se sincerará, sí en el mundo no hubiera tanta ambición y tanto de deseo de tener, todo sería más fácil, porque ayudar no sería un problema si no una necesidad de hacer sentir mejor al que tienes a tu lado; porque sería más fácil escuchar al que lo necesita, y dar un consejo al que te lo pide.



La vida es hermosa y nosotros con nuestras manías la complicamos. Seamos más sencillos y simplemente busquemos vivir en la verdad eso nos hará poder gritar si así lo deseamos a los cuatro vientos que somos felices aunque en el camino haya dificultades, aunque las cosas no salgan siempre como deseamos, aunque a veces la soledad llene más tu vida que la compañía de alguien al que deseas amar.



Y entregar el corazón no es una ilusión, el buscar que tu vida valga la pena no es una utopía, hemos sido creados para amar y ser amados. ¿Por qué no lo queremos entender? ¿Por qué buscamos donde no está la respuesta? La respuesta te la puede dar una sencilla puesta de sol, o unas olas rompiendo violentamente contra el acantilado, o puedes encontrar esa respuesta en la sonrisa de un niño que juega en la arena o puede estar en ese beso de buenas noches que recibes antes de acostarte. Yo abro mi corazón y grito que deseo ser amada y poder dar todo el amor que se amontona a borbotones en el interior de mi corazón y que quiere salir para hacer feliz a la persona que Dios ponga en mi camino.



Susana García Cardo

18 de abril de 2010

No hay comentarios:

Publicar un comentario