lunes, 22 de agosto de 2011

7ª entrega: Mi experiencia en la Jornada Mundial de la Juventud

Todo lo bueno siempre acaba. Ahora recién despertada, ya lunes 22 de agosto, su Santidad está ya en su residencia de Roma, y todos los que hemos trabajado con anhinco estos años, o meses tenemos sentimientos encontrados: felicidad porque todo ha salido bien, porque ha sido una experiencia única, porque hemos hecho grandes amigos, porque el Papa llegó agotado y se ha ido feliz, porque los jóvenes y no tan jóvenes han hecho una experiencia de Cristo, han dado un inyección de fuerza a su fe y vuelven a sus casas cargados de experiencias que jamás olvidaran.
Tristeza porque ahora no sabremos como dedicar nuestro tiempo - bueno tal vez es una exageración - aunque para los que llevan trabajando más de dos años será difícil retomar sus vidas, muchos tendrán que ponerse a buscar trabajo de nuevo, volverán tal vez un poco a la rutina, pero con la satisfacción de haber hecho un buen trabajo.

El sábado salímos a toda pastilla - fue realmente una carrera maratoniana por las calles de Madrid - llegamos al Retiro, donde el Papa confesaría a 4 jóvenes: dos chicos y dos chicas, una experiencia única, extraordinaria y probablemente irrepetible; de ahí se traslado a la Catedral de la Almudena donde más de 8000 seminaritas esperaban la llegada de Su Santidad, el recorrido estaba plagado de carteles, de banderas y de gente que al menos esperaba poder verlo en su Papa Móvil por las calles de Madrid.

Fue una misa serena, llena de emociones, disfrute muchísimo pese a que hacia un calor casi axfisiante. Me sentía muy privilegiada porque era una misa para seminaristas pero la gracia llega sea como sea. De esa misa, su Santidad se fue a casa del Cardenal, Antonio Mª Rouco Varela que celebraba su cumpleaños, después a las 17:00 tuvo la "desdicha" de tener audiencia con Zapatero. Y a las 20:00 se dirigió rumbo a la fundación Instituto San José, centro de San Juan de Dios, de enfermos y discapacitados, no quiso dejarse a nadie fuera y estuvo con cada uno de los grupos: jóvenes religiosas, jóvenes doctores de universidad, jóvenes seminaristas y jóvenes de todo el mundo.

Y a las 21:00, impaciente todo el mundo por disfrutar de la Vigilia, aunque algo temerosos por las nubes que atenazaban la fiesta. Antes de que empezara la fiesta, tuve la posibilidad de recorrer varias de las parcelas donde había muchas personas que quiero un montón, y a los que tuve la oportunidad de invitar a vivir en primera persona esta maravillosa experiencia. Además de cientos de jóvenes de Canadá, Alemania, Colombia, Argentina y otras partes del mundo que tuvieron la posibilidad de vivirlo cerca, muy cerca del Papa.


Tuve la oportunidad de vivirlo desde muy cerca, desde el altar desde donde más de un 1.900.000 personas estaban expectantes a la llegada del Papa, se oían los gritos, los saludos: Se ve, se siente el Papa está presente; Ésta es la Juventud del Papa, Benedicto, y aplausos... Las nubes se fueron cerrando, hasta ponerse el cielo totalmente negro como si el clima quisiera apagar el fervor, la alegría pero ni las inclemencias del tiempo disuadieron a nadie, y no sólo nadie se movió de su lugar si no que los corazónes se caldearon más y más y seguimos al pie del cañón. Nos cayó un grandísimo chaparrón pero luego un aire cálido reconfortó nuestro cuerpo y también nos dejó el alma dispuesta para recibir al Santísimo, con el que durante más de 20 minutos todos estuvimos de rodillas adorándolo, contemplándolo... un silencio que estremecía a cualquiera e incluso al más excéptico.


Y al final, todos nos quedamos muy felices aunque preocupados por si el Papa se enfermaba o le pasaba algo.
Tuve la suerte de no quedarme a dormir allí, porque el cansancio ya se me acumulaba, llegue al hotel, comí algo y dormí unas horillas - al menos 4 y de nuevo volvimos para la celebración eucarística.

Más impresionante todavía porque las imágenes del día anterior hicieron que otras 300.000 personas más se acercaran a Cuatro Vientos a la misa. En esta ocasión el Papa si pudo dar una vuelta por todos los pasos para saludar a toda la gente que había acampado la noche anterior para disfrutar de este momento. El calor fue uno de los protagonistas pero no logró que la gente se desanimaba. Como impresiona que más de 2 millones de personas sean capaces de vivir en silencio, con fervor estos momentos. Yo ya estaba muy cansada pero de hecho casi desvanezco en la misa pero un sobrecito de azúcar y un poco de agua me restablecieron. Hubo momentos de una intensidad que aglutinaba un montón de emociones; una de las razones sin duda alguna fue el coro y la orquesta: gente de cada rincón de Madrid y de otras partes de España y de mundo que estuvieron ensayando durante el mes de julio y agosto, y fueron capaces de ser una sola orquesta que sonaba de forma espectacular.

Cuando recibí la Santa Eucaristía, puse las rodillas en el suelo y di gracias a un Dios que nos ama con locura y le pedí que me diera la gracia de darme cuenta de lo afortunada que he sido trabajando estos meses en esta organización que supera a cualquier empresa no sólo por el tipo de trabajo que realizamos, si no por el ambiente, por las personas tan maravillosa que he conocido.

Después de la misa, todo el mundo estaba ya más tranquilo, con una sonrisa de oreja a oreja y satisfechos por el trabajo bien hecho. Aún quedaba el encuentro con los Voluntarios en IFEMA, los voluntarios han sido casi 30.000 y ahí estabamos reunidos al menos 12.000. Todos entre canciones, vitores, olas y otros muchos gestos de esta juventud que ha estado entregándose al Papa pese al calor, el cansancio, el hambre y otras muchas cosas...

Llegamos a IFEMA, de nuevo escolatados por la poli - ha sido una de las partes de mi trabajo que más me ha gustado - nos subieron al estrado donde unos 50 voluntarios recibimos a su Santidad entre muchos aplausos y gritos, el Papa entró y rodeo con el Papa Móvil, el pabellón 9, le dieron a bendecir y besar varios pequeñines. Después del santo Padre, escuchó a dos jóvenes un madrileño, 25 años profesor de primaria y a una joven misionera brasileña que agradecieron a Dios y al Papa cada una de las experiencias vividas.



De ahí con el corazón lleno de emociones, de impresiones, salimos para ir al partido de fútbol GRACIAS que una selección de veterenos españoles y un combinado de jugadores del resto del mundo, amenizaron el tiempo de muchos peregrinos y voluntarios que aun tenía ganas de más fiesta. El partido lo patrocinó la fundación Athlético de Madrid y fue para dar las Gracias a muchas personas por todo lo vivido.


Y de ahí nos fuimos a celebrarlo con el resto de los Voluntarios Staff a un coctail informal en el club de Campo de Madrid, allí saludamos a muchos que ya son verdaderos amigos.

Doy de nuevo las gracias a Dios por permitirme todo esto. Gracias y espero que os haya gustado. Un abrazo, Susana García Cardo

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