lunes, 27 de junio de 2011

Las amistades que de verdad perduran

Amistad: todos la queremos, todos la necesitamos y por lo menos una o dos si tenemos.

La amistad nace de un breve encuentro, que se convierte en momentos de descanso, de relax, de risas, de algunas lágrimas, de muchas noches desveladas descubriendo secretos, compartiendo momentos, buenas conversaciones, silencios necesarios. La amistad va creciendo según se va compartiendo lo que somos, no lo que tenemos o dejamos de tener.

Una amistad no está esperando nunca nada, una amistad madura en el dolor, compartiendo lo más íntimo, lo que duele también sana y eso fortalece.

Yo me siento fortalecida, he sabido lo que son las buenas amistades, las que después de tantos años me han abierto no sólo los brazos para abrazarme si no también sus corazones; me han demostrado que siguen ahí, que siempre lo han estado y aunque por muchos años nos separó la distancia y el silencio han permanecido firmes. Y yo al inicio, tal vez dudé, tal vez me costó pero el tiempo ha sanado las heridas, el tiempo ha curtido palabras que han permanecido el fondo de mi corazón, y que han borrado cualquier duda.

Ahora puedo devolver con mi propia vida la gratitud que siento por tantas personas que han sido compañeras en el camino. Primero en mis años universitarios, pero también en los años de entrega, de lucha, de oscuridad, de soledad y desazón, de alegrías y lágrimas.

Compartimos lo que somos, desde nuestra miseria, desde aquello que sólo el que nos ha creado conoce. Puede que nuestra debilidad nos haga cometer muchos errores, pero también esta debilidad nos engrandece porque nos permite descubrirnos ante los que nos aman, antes lo que nos conocen como somos.

Agradezco tener amigas y espero que ellas también puedan disfrutar de mi amistad como yo lo hago con ellas.

Dedicado a mis amigas. Os quiero.

No hay comentarios:

Publicar un comentario