viernes, 20 de abril de 2012

¿Y qué si no quiero rebajar mis expectativas?

Una expectativa es la que te permite pensar hasta donde quieres llegar; cómo quieres que sean las cosas que tienes programadas: las que conoces y las que no. Mis expectativas se une a mis sueños, a mis ideales, a mis planes para ser feliz, para ser plena.

Después de dos años y diez meses de vuelta a España, con mi familia, con mis amigos, trabajando en mi alma mater, me he dado cuenta que el camino a la cima de una vida plena, firme y madura aún está lejos, pero no por eso voy sentarme a esperar. Me niego a esperar que las cosas sucedan, o soy yo quien las provoca o nunca pasará nada de lo que quiero.



Quiero ser feliz con la vida que Dios tiene pensada para mí, quiero levantarme con la energía de saber que hay cosas nuevas por descubrir, personas a las que conocer y hacer más felices. El camino es difícil y nadie dijo lo contrario, y aunque a veces me empeño en mover la piedra soy muy consciente de que sólo tengo que empujarla.


Es una lección que aprendí de la historia de un hombre tenaz que siempre escuchó la voz de su conciencia y siempre quiso hacer lo que Dios le pedía. Un día de camino a su trabajo encontró una gran piedra que le impedía continuar, y oyó en el interior de su conciencia que tenía que empujar la piedra; despúes del paso de los años, de esforzarse, de no cesar en el empeño con la piedra que había en su camino; escuchó como Dios le animaba a seguir adelante, y en un momento de impaciencia, le gritó a Dios: he luchado, he sudado, me he dejado la piel y está piedra no se ha movido ni un sólo ápice. En ese momento, Dios le dijo: "en ningún momento te dije que la piedra se tuviera que mover, sólo te dije que la empujarás" y aquí estoy yo, empujando, empujando...




Aquí estoy un día más empujando, a veces sin ver el sentido, otros días agotada de hacerlo pero sé que empujar fortalecerá mi espíritu, me llevará a encontrar las fuerzas para seguir creyendo que voy por el buen camino, que debo levantarme tantas veces como me caiga y que las experiencias de dolor físico o incluso dolor moral no son más que las marcas de una vida que está luchando por ser alguien, por sentirme orgullosa de mí misma; y si me duelen las piernas será porque he seguido subiendo a la cima, si los brazos a veces no los siento es porque he sido capaz de aceptar mis cargas y llevarlas conmigo. Si mis ojos demuestran que han estado llorando será por amor, por tristeza, por desahogo, por impotencia pero sin problema levantaré la cabeza y seguiré subiendo, caminando y empujando.

Por eso, no dudo que son muchas las personas que se sentirán como yo y a los que animo a seguir adelante. ¡Ánimo, sursum Corda!









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