Me duele el alma. Intento mirar hacia mi interior, y veo muchos parches que intentan evitar que el corazón se desangre de dolor. Mi corazón es para el mundo, pero si el mundo se asoma hoy a él, se lo va a encontrar apachurrado, se lo va a encontrar con muchas heridas, algunas aún sangran. Y seguramente habrá muchas personas que se pregunten, ¿qué le sucede a tu corazón? otros muchos pasaran y ni si quiera se percataran del dolor que acoge mi corazón de un tiempo a esta parte.
Mi corazón llora al ver tanto dolor, al ver como las que durante tantos años fueron hermanas, hoy cada una toma caminos diferentes. Esto no es malo, al contrario creo que puede beneficiar a todos porque simplemente cada quien está intentando seguir lo que su conciencia le dicta; cada quien necesita saberse libre y para eso a veces hay que saber quitarse las vestiduras que antaño se ceñían al cuerpo y hoy para muchas son sólo harapos, o retales de unos tiempos pasados que fueron mejores. Pero aunque el camino se separe y no alcancemos a ver hasta donde nos lleva; la hermandad no se puede ver dañada. En esta vida no hay enemigos; sólo hay diversas opiniones. ¿Todas respetables? Permitirme que lo dude, pero si RESPETADAS. Puede que no estés de acuerdo, pero no por ello tú estás en el bando de los buenos y él que escoge el otro camino están en el bando de los malos.
¿Por qué no simplemente nos ofrecemos para estar ahí? Ni de un bando ni de otro. Somos lo mismo, personas que queremos ser felices, que nos gusta ayudar a las personas, que nos hace plenas y realizadas el entregarnos a los demás, pero ahora cada una con una camiseta diferente pero en la misma barca.
Yo con mi corazón mal herido alzo un grito al mundo que deseo, anhelo la paz: la paz en mi corazón; la paz en mi familia, y no hablo sólo de mis padres y mi hermano, habló de mi gran familia; parece una película pero es muy real que en el interior de esta familia hay muchas intrigas, hay muchos modos de actuar, de decir, de callar y de otorgar que duelen, que lastiman, que violentan y que te llevan a tomar decisiones que te obligan casi a llegar al enfrentamiento. Con lo fácil que es escuchar, y lo poco que lo hacemos.
Si y no miro a nadie. Creemos que somos expertos escuchando, y cuando una persona que ha vivido muchos años contigo, que ha compartido misión, tristezas y alegrías, te pide que le escuches, miras para otro lado; ¿por qué? porqué no piensa como tú; ¡qué aburrida sería la vida si todos pensáramos igual! La unidad no está en la uniformidad - si no, los pobres clones de la película de la Isla, van a terminar siendo más libres que nosotros mismos.
Comprender es aceptar a cada quien como es; una madre acepta a cada uno de sus hijos como son: rubios, morenos, con lentes, sin ellas; más delgados o rellenitos; más estudiosos o vaguetes; más traviesos o bien portados. Conoce las cualidades de cada hijo y las potencia, así como conoce sus defectos y no los exhibe, ni los agranda, intenta ayudarle a mejorar todo lo que es mejorable; y lo que ni por la buenas ni por las malas se pueden cambiar: SE ACEPTA; y no por eso lo quieres menos, lo dejas de hablar o ni si quiera lo miras. Esta aceptación se llama AMOR.
Si Dios, que perfectamente podría pasar de todos nosotros nos acepta como somos; ¿por qué somos tan hipócritas de protestar ante lo que no es igual a lo mío?
¿Encontraré alguna vez PAZ en mi corazón? Tengo el firme propósito que así sea. Y la PAZ yo la he encontrado mirando a los ojos a todos; la he encontrado escuchando, deteniéndome en mi ritmo acelerado de vida, y observando miradas tristes, a las que una pequeña sonrisa, o el detalle más tonto de levantarle el pulgar arranca de su comisura una leve sonrisa; he encontrado paz abrazando a aquellas personas que hace mucho que no reciben un abrazo cariñoso, porque antes esas muestras de afecto no eran propias; cuando el AMOR y sus manifestaciones no han sido propias. La paz ha llegado cuando he dejado de someterme a sistemas rígidos que me impedían ser yo misma, la misma que Dios ha creado y que la quiere tal cual. La PAZ está ahí, primero has de quererla, después has de buscarla y por último, has de retenerla en tu interior; y será tu exterior el que manifieste que estás en PAZ.
Yo estoy en su búsqueda e invito a todos a buscarla, porque confío plenamente que me dará la felicidad.



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